‘The Economist’ reclama a los diarios un cambio de estrategia frente a internet

«Demasiado tímidos, defensivos y magnánimos«. Así describe The Economist la estrategia editorial de la mayoría de los diarios del mundo ante el impacto de internet. Según esta revista, salvo contadas excepciones, los periódicos no están acertando a responder al reto digital, y los datos económicos «miserables» de 2005 no hacen sino corroborar esa apreciación.

En su artículo, The Economist detecta diversos problemas en la estrategia editorial de los diarios en los últimos años, que llevan a pensar que muchos de ellos han perdido una ocasión histórica de engancharse al prometedor tren de internet. Entre esos problemas destacan en particular dos: 1) la tendencia, aún muy extendida entre los diarios, a la mera reproducción en la web de sus contenidos impresos, lo que resta interés a la prensa digital frente a otros productos nacidos de la propia red; y 2) la escasa dotación de las redacciones de los diarios digitales, que cuentan en su mayoría con periodistas de escasa experiencia profesional y condiciones laborales mucho peores.

Sin embargo, a juicio de The Economist, las cosas han comenzado a cambiar en los últimos tiempos. Algunos diarios empiezan a abordar ya sus sitios web como una «prioridad» estratégica, y esto se ve recompensado con un crecimiento impresionante de los ingresos publicitarios. Sin embargo –y he aquí el gran problema–, estos ingresos están lejos de igualarse a los que obtienen los diarios en sus ediciones impresas. Todavía.

Ampliación (02/09/2006). Un columnista del Washington Post responde a The Economist. Aunque, más que contradecir al semanario británico, refuerza los mismos argumentos:

Folks have discovered that they can make for themselves the type of selection that the traditional newspaper has made for them since the 17th century. Readers realize they can participate in the selection process by creating their own information mix. For the moment, this means jumping from one online outlet to the other according to the various items the reader seeks.

In the old days, they used to call it choice and freedom. Today we call it murder. Nobody killed the newspaper. It’s just that information, which used to flow from the top down, is now starting to flow from the bottom up.

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