Todo medio es social

De un tiempo a esta parte, entre los usuarios intensivos de la red ha hecho fortuna la expresión “medios sociales”. Me refiero a esa locución que muchos pronuncian con forzado acento inglés –“social media”-, como si recurrir al español no fuera lo suficientemente moderno. En uno u otro idioma, el mensaje se repite machaconamente: “¡El futuro es de los social media!”.

Lo social se ha convertido, en efecto, en un mantra para cualquier iniciativa en internet: hoy se impone situar en la cúspide a los usuarios. Que sean ellos los protagonistas, que ellos marquen las agendas, que establezcan de qué, cuándo y cómo hay que hablar. Más aún, llevado al extremo, que sean solo ellos quienes hablen, y que los medios se limiten a otorgarles un escenario donde expresar esa inteligencia colectiva.

Los llamados medios sociales de la red lo son, sobre todo, por su sujeto: están protagonizados por los ciudadanos. Desde esa perspectiva, hay quien piensa que los medios periodísticos profesionales han quedado relegados a otra categoría menos “social”. Discrepo. Los medios de comunicación profesionales son, como mínimo, tan sociales como Facebook o Twitter. Pero lo son de otra manera, acaso más necesaria para la sociedad. Su esencia social proviene no ya de sus protagonistas, sino de su finalidad: su objetivo es servir a los ciudadanos. ¿Y qué hay más social que eso?

El problema es que muchos medios parecen estar perdiendo esa identidad. Se han olvidado de a quiénes sirven. Y están tratando de disfrazar esa desorientación con un barniz social que es puro sucedáneo.

Lo comprobamos a diario. Presionados por esa pretensión de ser cada vez más sociales, los medios buscan multiplicar su presencia en las redes. Lo hacen con el muy publicitado propósito de estrechar vínculos con su público pero, sobre todo, con el menos confesado, y mucho más anhelado, de multiplicar la audiencia. Cuando eso ocurre, la socialización de los medios periodísticos se agota en una mera estratagema mercadotécnica, donde el usuario pasa a convertirse en simple cliente. Y la gente no es tonta: lo nota.

Acercarse con sinceridad a la gente, escuchar sus opiniones y atender sus demandas es algo enormemente saludable para el periodismo. Siempre lo ha sido, solo que ahora los medios disponen de mejores herramientas para conseguirlo. Pero esa dimensión no debe hacer olvidar la responsabilidad principal de los medios como portavoces de los problemas sociales y defensores de la ciudadanía. A los periodistas les corresponde ser mucho más que meros guardias de tráfico. Los ciudadanos esperan de ellos un suministro continuo de información relevante, actual y verdadera. Ellos son el punto de partida cualificado en el debate público. Para funcionar democráticamente, los ciudadanos precisan contar con el periodismo para tomar decisiones en libertad. Es así como un medio se hace verdaderamente social.

Por eso, no se confunda: que la democracia sea el menos malo de los sistemas políticos, no hace del periodismo plebiscitario un buen sistema informativo. La verdad nunca se ha alcanzado por votación: es fruto del conocimiento.

[Publicado originalmente en Blog de comunicación – UNIR]

Profesor de periodismo e investigador sobre medios digitales en la Universidad de Navarra. Twitter: @rsalaverria

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